Archivo Histórico Comité Monseñor Romero

“Cardenal Corripio Ahumada: La pena de muerte no se opone a la ética natural” México

GUATEMALA

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA ESPISCOPAL DE GUATEMALA

EXTRACTOS

¿Qué significado ha de tener para nosotros, una nación de inmensa mayoría católica, la visita del Sumo Pontífice, del Sucesor de Pedro? ¿Cuál es la razón principal de esta visita del Santo Padre?

El Papa, no lo olvidemos, ha sido puesto por Cristo como su Vicario en la Tierra; heredo de San Pedro la misión y la tarea de ser la cabeza visible de la Iglesia a la que debe gobernar juntamente con todos los obispos de la Tierra. El recibió de Cristo el mandato de ‘apacentar sus ovejas” (Jn. 21- 16) y de “confirmar a sus hermanos en la fe” (Le 22-31).

Cumpliendo con este mandato, viene el Santo Padre a Guatemala, como lo ha hecho en numerosos países de los cinco continentes.

Su presencia entre nosotros, en consecuencia, no tiene sino una finalidad eminentemente pastoral. Viene como Padre Universal a visitar a sus hijos de Guatemala, que sufren una “ya muy larga pasión”; viene a robustecer nuestra fe y a ayudarnos con su enseñanza a encontrar el camino de auténtica fidelidad al Evangelio de Cristo. Viene, finalmente, como mensajero de esperanza y de nuestra reconciliación.

Qué es lo que el Santo Padre encontrará en nuestra Patria?

o Una Iglesia que trata de vivir la pobreza evangélica y que peregrina hacia la Casa del Padre, “entre los consuelos de Dios y las persecuciones del mundo”. Una Iglesia que se esfuerza, venciendo grandes dificultades, por entrar en la renovación exigida por el Concilio Vaticano II y por las normas emanadas de Medellín y Puebla. Una Iglesia que trata de comprometerse en la salvación integral del hombre guatemalteco, asumiendo la opción preferencial aunque no excluyente- por los pobres y los oprimidos. Una Iglesia que tiene puesta su esperanza en Cristo y, por lo mismo, trabaja con ilusión en la construcción del Reino, aunque se encuentre sometida a múltiples agresiones internas y externas y sufra las increíbles presiones que se ejercen sobre sus hijos para que se conviertan en apóstatas y traidores a su fe. Una Iglesia, en fin, que, en los años recientes, se ha embellecido con la corona del martirio, como signo y premio de la fidelidad a Cristo de muchos de sus hijos.

• Numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas, que se han comprometido, movidos por el Espíritu Santo, a trabajar con ilusión apostólica por nuestro pueblo, al que guían con gran espíritu de servicio y autenticidad evangélica.

• Millares de Delegados de la Palabra, Catequistas y Laicos comprometidos que, con enorme dedicación y sencillez, llevan el mensaje salvador de Cristo hasta los últimos confines de la Patria y van formando verdaderas comunidades cristianas, donde se vive el amor de Cristo, se comparte y se espera. Muchos de ellos han sido fieles hasta el martirio.

• Una sociedad desgarrada por el flagelo de la violencia, que ha golpeado en forma inmisericorde especialmente a los indígenas y campesinos: aldeas destruidas, campos arrasados, centenares de miles de guatemaltecos que huyen del terror de las fuerzas en pugna y deambulan bajo el látigo del hambre, de la enfermedad y del miedo.

• Una Patria, ensangrentada por una larga y cruenta lucha ¿raticida, que todavía gime bajo el peso de la injusticia y no encuentra el camino justo de la reconciliación.

Este cuadro, con sus luces y. sus sombras, será contemplado por nuestro Santo Padre. Sin duda alguna su corazón de Padre se conmoverá ante el dolor de sus hijos, pero encontrará palabras eficaces para fortalecernos en nuestra esperanza y para iluminar nuestros caminos

Guatemala de la Asunción,

22 de diciembre de 1982.


Referencia: AHCMR/DVD/RevistaCRIE/1983/115/iglesia-y-sociedad/cardenal-corripio-ahumada-la-p