Archivo Histórico Comité Monseñor Romero

Sacerdotes y religiosos denuncian

COSTA RICA

SACERDOTES Y RELIGIOSOS DENUNCIAN:

-VIOLENCIA VERBAL DE LOS MEDIOS

DE COMUNICACIÓN SOCIAL.

San José, 9 de abril de 1981.

Exmo. Sr.

Mons. Román Arrieta Villalobos

Presidente

Conferencia Episcopal de Costa Rica

SAN JOSÉ

Muy queridos y respetados Obispos:

En nuestra condición de presbíteros, religiosos y religiosas, nos dirigimos con toda urgencia y confianza a Ustedes, para expresarles nuestra más grave inquietud ante la situación que hemos comenzado a vivir en el país y pedirles que se pronuncien como Pastores ante la misma.

El sentido pastoral les ha llevado a escrutar los signos de los tiempos, y a dar los pasos necesarios para poder actuar oportunamente en la conducción del pueblo de Dios en Costa Rica. De esa solicitud previsora ha nacido recientemente la Comisión Episcopal para la Acción Social, cuyos fines no pueden ser más pertinentes, sobre todo si se considera la etapa de grave incertidumbre que atraviesa el país. Sin duda alguna el primero de los fines señalados a la Comisión: evitar la polarización de fuerzas, contraria al modo de ser costarricense, provocadora del anti-diálogo y de la violencia, conlleva un sentido pastoral cuya urgencia se ha ido acentuando más y en los últimos meses y días.

En efecto, tres hechos sociales han emergido estos últimos días en nuestra vida nacional, tan rápidamente y tan interconectados, como para que se conviertan en una premonición de tiempos próximos más graves aún. Estos hechos son:

Tales hechos han configurado en los últimos días una situación de seria grave dad que, en nuestra opinión de sacerdotes, religiosos y religiosas, amerita una declaración de la Conferencia Episcopal Costarricense en pleno o de su Presidente.

A nadie se le oculta el poder de convocatoria y convicción que poseen las máximas autoridades morales de Costa Rica; en este momento la orientación de Uds. puede prevenir muchos males y desviaciones. Todavía se está a tiempo.

Nuestra alarma se justifica y estamos seguros de coincidir con Uds. en este esta do de ánimo, por fuerza de hechos como los siguientes: a raíz de los atentados terroristas del día 17 de marzo pasado, que nosotros en nuestra condición de hombres y mujeres de Iglesia también condenamos y repudiamos y con pretexto de dar con los responsables de los mismos, muchos lugares y residencias han sido allanados por elementos del Organismo de Investigación Judicial, OIJ. En círculos bien informados se habla de doscientos cincuenta allanamientos y de que aún estaban en lista muchos más. El hecho en sí -su récord- es insólito en nuestra vida democrática. No hay memoria colectiva en el largo período de libertad que llevamos en Costa Rica de tal cacería de brujas. Se han allanado residencias particulares y lugares como el ocupado para oficina por el Frente Democrático Contrala Represión (FDCR) de Guatemala, y se ha apresado a extranjeros dedicados a tareas nobles y humanitarias de solidaridad con sus pueblos, con un respeto total hacia el nuestro. Como resultado de tales operativos se ha llegado a tener incomunicadas a algunas personas hasta por más de diez días. Pero lo más grave y original -porque así han comenzado otros pueblos hermanos-, es que se ha comenzado a tocar a la Iglesia en sus elementos más débiles, para hablar a modo humano. Así, han sido allanados los locales del Centro Ecuménico - Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI, apresando por algunas horas a directivos y alumnos del Centro y llevándose como propaganda “subversiva” las publicaciones del Centro, entre ellas la obra “Nicaragua triunfa en la Alfabetización. Documentos y Testimonios de la Cruzada Nacional de Alfabetización”, cuya entrega fue hecha públicamente en la Embajada de Nicaragua ante el Ministro de Educación de este país. En cuanto al Seminario Bíblico Latinoamericano, hubo amenazas de allanamiento. En esos mismos días un radio-periódico muy popular atribuía al Ministro de Seguridad declaraciones según las cuales se procedería a expulsar a los sacerdotes salvadoreños. Los términos de la declaración han sido negados personalmente por el Sr. Ministro, pero no desmentidos oficialmente. Y la Dirección de Migración daba orden al sacerdote español Luis Arocena, que trabaja en Chacarita, Puntarenas, de entregar su cédula de residencia; días después y, a pesar de los buenos oficios de Mons. Héctor Morera, Obispo de Tilarán, diócesis a la que pertenece Puntarenas, oficiales de Migración obligaron a entregar sus cédulas de residencia a los sacerdotes Luis Arocena y Santiago Tortosa, de Chacarita, y aun no se les han devuelto.

Estos hechos son tan graves, que para encontrarles algún precedente hay que remontarse muchos años atrás en nuestra historia patria.

Debe advertirse que la magnitud de la gravedad de la presente situación no se comprende a cabalidad si nos limitamos a considerar estos tristes acontecimientos por separado. Ellos han venido legitimados y preparados con mucha antelación por la actitud de la mayoría de los medios de comunicación social y ello permite darse cuenta más precisa de lo profundo de la crisis nacional que atravesamos.

La detenida observación de los medios de comunicación de masas en relación a la crisis que vive el país, nos lleva a la dolorosa y preocupante conclusión de su poca objetividad, del boicot sistemático que día a día practican, de noticias nacionales e internacionales, sobre todo centroamericanas, que favorecen a un sector determinado y sistemáticamente procuran perjudicar a otros.

En las circunstancias actuales esa conducta es tremendamente peligrosa. La parcialidad habitual de los medios de comunicación social puede comprobarse, por vía de ejemplo, en los editoriales de algunos de ellos en relación a los responsables de los actos terroristas del 17 de marzo. Estamos ahí ante un caso de terrorismo verbal o publicitario, cuyos efectos no son menos disolventes que los del terrorismo convencional. Este grave comportamiento de la mayoría de los medios de comunicación social ya ha sido señalado por diferentes personas y organismos, ajenos a intereses partidarios.

Si estas prácticas de mal periodismo terminan por imponerse, si no son denuncia das a tiempo y con fuerza, los derechos humanos y civiles de los más débiles serán pisoteados todavía más impunemente y por largo tiempo, pues la conciencia moral del pueblo estará desorientada, confundida y adormecida, a merced de los intereses de estos poderosos medios de comunicación social. La historia enseña que los regímenes totalitarios han comenzado por el atropello de las minorías raciales, religiosas y políticas. Otro blanco predilecto son los extranjeros refugiados o asilados, como acaba de suceder entre nosotros. También los regímenes totalitarios se ceban en los trabajadores más indefensos, sean del campo o de la ciudad. Desdichadamente, por razones geopolíticas, estamos en el ojo del huracán. Nuestro esfuerzo debe ser evitar, a cualquier precio, que se nos alié a regímenes de fuerza del área. A este respecto creemos que la parcialidad manifiesta de los medios de comunicación social obedece a presiones internacionales.

Agudizando más estos hechos, ya de por sí bien críticos, está apareciendo entre nosotros, a las puertas mismas del año electoral, un estilo violento de hacer campaña política, gravemente irresponsable, porque viene a incendiar más el odio, la violencia, la caza. de brujas y la persecución. En una situación como la que estamos atravesando es una irresponsabilidad histórica imperdonable en las personalidades políticas y en sus partidos, el tratar de ganar votos, prestigio, una cuota de poder, en base a fomentar la xenofobia, la caza de brujas, la violencia, la división de los costarricenses. Y es doblemente irresponsable cuando los que lo hacen, lo propugnan a nombre de la democracia.

Cuando se ha irrespetado el ser humano en los más débiles, cuando el cuerpo social se ha mostrado indiferente ante la imagen envilecida de Dios, cuando como Caín ha respondido “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?“, se ha dado el primer paso, ya irreversible, hacia la intolerancia, hacia la violencia generalizada, hacia la barbarie. ¿Podemos olvidar los océanos de dolor en que están sumergidas ciertas naciones hermanas? ¿No debemos sacar lecciones de esas amarguísimas experiencias? Si se prosigue la polarización de fuerzas, el anti-diálogo, el mismo trabajo pastoral de la Iglesia caerá en terreno estéril. Más vale una intervención oportuna que cien lamentos posteriores.

Una intervención de esta naturaleza, dada su trascendencia, corresponde a la Conferencia Episcopal. Costa Rica, en esta hora, necesita acudir a sus más profundos recursos espirituales, de sus Obispos serán bien recibidas las amonestaciones dirigidas a quienes están propiciando la polarización de fuerzas en el país.

Con cordialidad y respeto.

Firman 57 sacerdotes, religiosos y religiosas.


Referencia: AHCMR/DVD/RevistaCRIE/1981/72/iglesia-y-sociedad/sacerdotes-y-religiosos-denunc